miércoles, 15 de febrero de 2017

LA POESÍA Y EL AMOR



Conocí a Olga en un curso de poesía, entre versos alejandrinos y rimas asonantes. Nuestro maestro tenía una capacidad increíble para rimar los sentimientos más bellos y provocar la admiración de las féminas que asistían al curso. Reconozco su maestría e incluso, a mi pesar, la congoja que nos invadía cuando su voz firme y grave recitaba sus hermosas letras. Yo era más del realismo sucio con rima libre y pretensiones de profundidad filosófica. Mi vida anodina y vulgar, mis escarceos con prostitutas, mis charlas con borrachos como yo y mis escasos dotes como escritor o poeta, daban para poco más que cuatro versos de nula trascendencia y discutible valor estético.